sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 66-


Llegamos a la cabaña, y entramos en esta. Dejamos nuestras valijas en el suelo. Y yo me quedé observando, detenidamente, la cabaña. No era muy grande, pero era hermosa.
Comedor. Cocina. Dos habitaciones. Baño. No podía pedir mas, amaba mucho mas esto, que un hotel con todos los lujos. O por ahí simplemente era porque jamás había tenido nada. En fin, amaba este lugar. Me quedaría a vivir toda mi vida acá.

Lo miré a Pepe, quien estaba mirándome a los ojos.

- ¿Qué pasa?
- Nada, solo te miro. ¿No puedo?
- Me intimida tu mirada.
- ¿Así?
- Si, sabelo.
- Bueno, me alegra saberlo. -sonreí- ¿Y te gusto?
- Me encanta.
- Me gusta que te encante.
- Gracias.
- Sh.. Basta de agradecerme. -comenzó a acercarse a mí-
- Vos basta de decirme que no tengo que agradecerte.
- No, vos. -se paró frente a mí. Y yo rodee su cuello con mis brazos.- ¿Te dije que sos linda?
- ¿Yo te dije que vos sos lindo?
- No. Pero vos si sos linda.
- ¿Linda?
- Si. Muy linda. Y sos toda mía.
- Toda tuya..
- Mmm.. Eso me encanta.

Comenzó a acercar su rostro, hacía el mío. Mis brazos seguían alrededor de su cuello. Acercó sus labios a mi cuello, y lo besó lentamente. Luego subió por este, llegando a mis mejillas, las cuales besó con ternura. Yo me rendí a sus besos, a sus caricias. Pero había algo, ese algo que me impedía disfrutar de este momento.
"Me encantas" me dijo. Fue ahí donde mi cabeza hizo un click, y mi mente se transportó a aquel horrible momento, que había vivido hacía unos días. Escuché su voz, la voz de mi papá, la voz de él diciéndome "Me encantas". Comencé a llorar, a llorar desconsoladamente. No podía parar. Nadie iba a hacerlo. Otra vez. ¡Esta mierda que me había pasado en mi cabeza! Lo odiaba. ¿Cuándo iba a hacer el día que sea feliz realmente? ¿Cuándo?

Traté de separar a Pepe de mi cuello. Sacarlo de encima mío. Correrlo. Alejarlo, para siempre. Solo porque pensaba que era mi papá.

- ¡Basta! ¡Basta. Por favor! Para.
- Solo son unos mimos Pau.
- ¡No! ¡Basta! -dije llorando- ¡Salí! ¡Andate!
- Ei. Ei. ¿Qué pasa bonita?
- ¡Basta déjame! ¡Andate! No me toques.
- Ei Pau. -tomó mi rostro entre sus manos- Soy yo. Soy Pepe.
- No. No. Vos no...
- Si mi amor. Soy Pedro. Soy tu novio. -acarició mi mejilla-
- corrí mi cara- No me toques.

Me alejé de él. Y me dejé caer al suelo. Contra la pared, llorado. Acurruqué mis rodillas, contra mi pecho. Y allí me quedé.

- ¿Qué te pasa mi amor?
- Andate. Déjame sola.
- No Paula. No.
- No me toques.
- Soy Pedro, gorda.
- ¡No!

Sentí como se acercó a mi lado, y se sentó junto a mí. No me alejé, no quería hacerlo.
¿Por qué mierda me pasaba esto a mí? ¿Por qué?

- Bonita. Soy yo. No te alejes.
- ¡No! ¡No! Vos sos .. vos -lo miré a los ojos- Sos Pepe.
- Si mi vida. Soy Pepe. -mis lágrimas salieron nuevamente de mis ojos, y él me rodeó con sus brazos. Hasta que apoyé mi cabeza sobre su pecho- Tranquila hermosa. Tranquila.
- No puedo estar tranquila.
- ¿Qué te pasa bonita?
- Nada.
- Paula no me digas nada. Algo te pasa.
- Basta. No quiero hablar.
- Por favor hermosa. Contame.
- No. No puedo. No.. -hice una pausa- Perdón.
- Sh.. Ya esta.
- Perdón. Vos.. -pause- Y yo no..
- Ya esta mi amor. No importa eso ahora. Basta.
- Perdóname. No puedo.
- Basta. Ahora trata de tranquilizarte.
- Gracias.
- No me agradezcas amor. Cuando te sientas listas para contarme lo que te pasa acá estoy.
- sonreí- Gracias, en serio.
- Basta de agradecerme. Confía en mí ¿Si?
- Si. -sonreí-

Pasaron unos minutos. Y yo continuaba, así. Sentada a su lado, contra la pared. Apoyando mi cabeza en su pecho.

- Hermosa necesitas descansar.
- No. Primero quiero ducharme.
- Bueno, esta bien.
- Si. Me siento toda sucia, después de haber viajado cinco horas arriba de un micro.
- rió- Okei. Ahí te traigo toallas.
- Dale.

Se levantó de mi lado. Y se dirigió a la habitación a buscar una toalla.
Me levanté de donde me encontraba sentada, y esperé las toallas que Pepe iba a traerme.

- Acá están.
- Gracias gordo.
- De nada. 
- Bueno.. Me voy a bañar.
- Okei. Mientras preparo algo de merendar ¿Queres?
- Obvio que sí.
- sonrió- Bueno. 
- Ya vuelvo.
- Dale, mientras preparo algo. 
- Okei.

Me dirigí al baño. Ya con todas las cosas necesarias que necesitaba para bañarme, y cambiarme. Realmente necesitaba un baño, tratar de relajarme y dejar de pensar en todo esto. 

Me encontraba bajo el agua. Ya me había lavado el cabello. Pero necesitaba quedarme unos minutos allí. Para pensar. O simplemente para relajarme. No lo sabía. 

No entendía porque. No lo sabía. Pero a los pocos minutos mis lágrimas saltaron de mis ojos, como si nunca en mi vida hubiera llorado. Como si jamás alguien me hubiera hecho llorar. No entendía el motivo. ¿O no quería hacerlo? No sé. 
Mis pensamientos en lo único que se centraban eran la situación que había pasado con Carlos, mi papá. Sea lo que fuese que quisiera imaginar, o recordar... Todo, cualquier cosa, me remitía a ese momento. En donde él me había violado. En donde mi papá, mi propio papá había abusado de mí. Me había drogado. Y no entendía el motivo, no encontraba un motivo ¿Por qué lo hacía? Esa pregunta iba a estar dentro de mí, siempre. Hasta el día en que encuentre un motivo, coherente por el cual decir "Mi papá me pega por esto.." 

Pasaron unos diez minutos, y decidí salir del baño. 
Ya cambiada, con mi pelo mojado. Salí de allí, sin antes secar bien mis lágrimas para que Pedro no se diera cuenta de que había llorado. Hice como si nada hubiera pasado.


Él estaba terminando de preparar la merienda. Café con leche. Y galletitas. 
Me acerqué a su lado. Y él me miró a los ojos. 

- ¿Por qué estuviste llorando? 
- No estuve llorando.
- A mi no me mientas Pau. Te conozco.
- Odio que me conozcas tanto.
- Es una desventaja muy grande ¿No?
- Si. Te lo puedo asegurar. 
- rió- ¿Qué te pasa?
- Nada Pepe. -dije sentándome en la silla, agachando mi cabeza-
- Cuando vos me decís nada. Y me esquivas la mirada, es porque algo te pasa.
- ¡Basta! Deja de mirar mis detalles. No lo hagas, tonto.
- No puedo no hacerlo. Me importas mucho, como para no mirar cada cosa que haces.
- En serio. Me conoces demasiado. Demasiado.
- Bueno, eso es una ventaja. 
- Si, ponele.
- Me estas cambiando de tema. Y no me gusta.
- ¿Yo? No.
- En serio Pau. ¿Por qué estas así? 
- Por nada Pepe. No me pasa nada. 
- Paula. Amor. Mírame. 
- No. -dije. Y mis ojos ya se encontraban empapados en lágrimas-
- Dale hermosa. 
- No, basta Pepe. No.
- Confía en mí. ¿Qué pasó? ¿Qué te hicieron?
- ¡No me hicieron nada! ¡No me paso nada! Nadie me hizo nada. ¡Basta! 

Dije gritándole. Y corrí a la habitación. No podía soportar esta situación. Ya no soportaba, no poder contarle lo que me había pasado por miedo, solo por querer protegerlo a él. 


¿Cuándo cambiaría todo esto?
¿Por qué tenía que sufrir así? 
¿Pasar por todo esto para ser feliz? ¿Cuál era el precio? 
¿Lo merecía? ¿O no? 

No obvio que no lo merecía. Ningún ser humano merecía lo que yo sufría, todos los putos días de mi vida. 


Él me corrió hasta la habitación. Entró en ella, y se sentó a mi lado. 



Continuara: 

.............................................................................................................................................................

2 comentarios:

  1. Dios mío, cuándo va a dejar de sufrir Pau???? Se merece lo mejor pobrecita

    ResponderEliminar
  2. ay por favor q se lo cuente prontooooo...falta mucho?

    ResponderEliminar