viernes, 7 de febrero de 2014

Capítulo 12.-


La clase estaba llegando a su fin.
Mire la hora y eran las una menos diez, así que decidí terminar con la clase.

- Bueno chicas, hasta acá llegamos. ¿Les gustó la clase de hoy?
- ¡Si! -gritaron-
- Bueno, a mí me encantó trabajar con ustedes.
- Seño.
- ¿Qué pasa?
- ¿Va a volver otro día?
- No lo sé, si vuelve la seño Verónica no creo.
- La queremos tener otra vez.
- Si. -dijeron-
- Bueno. Me alegra que les guste estar conmigo. Ahora busquen sus cosas y pueden irse a casa.

Ellas comenzaron a juntar sus cosas, y de a una vinieron a saludarme. Las saludé con un beso en la mejilla a todas. Lo único que quería era saludar a mi hija, por primera vez, necesitaba hacerlo ahora que la tenía a mi lado.
Ella se acercó con Mia y Agostina, sus dos amigas.

- Chau seño.
- Chau hermosas - besé la mejilla de Agos-
- ¿Cuándo vuelve?
- Y si la seño Verónica no vuelve, seguro que el Martes.
- Si. Chau - saludó Mia-
- Chau hermosa.
- Chau seño.
- Chau bonita - ella se acercó y besó mi mejilla-

Sentir su beso en mi mejilla me dio escalofríos, pero fue la sensación mas hermosa de todas.
Necesitaba abrazarla, pero no lo hice.

Ellas se fueron, yo junté mis cosas y me dirigí a la dirección, sabía que si me cruzaba con Carlos iba a ser para problemas y lo que menos quería era tener problemas en mi trabajo. 
Golpee la puerta de la dirección y entré. Allí estaban la directora, Nilda y Pablo, que era profesor de baile también, pero se dedicaba mas a ver los detalles o mejorar las coreografías, generalmente daba clases particulares a las alumnas que bailaban mejor. 

- Permiso.
- Si, pasa Pau. 
- ¿Qué pasó? Porque me dijo que viniera cuando termine la clase.
- Te necesito unos cuantos días mas para las nenas de tres a cinco años.
- ¿Por?
- Lo que pasa que Verónica esta enferma y necesitamos terminar la coreografía, no falta nada para el festival. 
- No.. 
- no me dejó terminar- Si no queres lo entiendo, buscaremos a alguna profesora. No hay problema.
- Iba a decir que no tengo problema, usted sabe que a mi me pueden las nenas mas chiquitas, así que si. 
- Muchas gracias Pau, de verdad. 
- No hay problema, ¿Hasta cuando sería?
- No lo se, hasta que Verónica se recupere.
- Esta bien. ¿Qué día vienen las nenas?
- Martes, Miércoles y Jueves. 
- Esta bien. hay un problema los Miércoles yo trabajo con mis alumnas. 
- Quédate tranquila, ese día Pablo puede ayudarlas.
- ¿Segura?
- Si, si. 
- Esta bien. 
- Igual no creo que sea por mucho tiempo.
- Bueno. Yo me tengo que ir, ¿Si? Cualquier cosa me llaman.
- Esta bien Paula, muchas gracias. Hasta mañana.
- Nos vemos mañana. 

Salí de la dirección, cerrando la puerta. 
Todavía no podía creer lo que estaba pasando, mi hija era mi alumna (solo por unos días) pero igual lo era, y sentía felicidad, pero a la vez tristeza. No podía disfrutarlo plenamente porque no la tenía conmigo, pero por lo menos la tenía cerca. 
Seguramente Carlos ya la habría venido a buscar, y yo no la vería hasta el Martes, nuevamente. 

¿Cómo iba a contarle a Pedro esto? ¿Cómo iba a decirselo? Era todo tan extraño, tan raro. Pero hoy iba a decirle, no podía ocultarle esta información. 

Antes de salir de la academia, fui al baño. Entré hice mis necesidades, y estaba lavándome las manos cuando escucho el llanto de alguien. Supuse que era mi imaginación, y me concentré nuevamente en lo que estaba haciendo. Nuevamente volví a escuchar el llanto. Me di vuelta. 

- ¿Quién esta ahí? 

Nadie respondió, pero era extraño, alguien estaba en el baño. Me sequé las manos y comencé a revisar en cada una de las puertas pero no había nadie. Era imposible, el llanto seguía escuchándose. 
Miré por todos lados, hasta que vi a alguien sentado contra la pared, acurrucado y con sus manos alrededor de sus rodillas, era una nena. 
Me acerqué a ella, y me coloqué en cuclillas en frente. 

Hasta que me di cuenta que era Luz. 
Mi corazón comenzó a acelerarse, y mis lágrimas amenazaban con salir de mis ojos. 

- Ei, princesa ¿Qué te pasa?
- Nada, vayase seño.
- No, no me voy a ir. Vení.

La levanté del suelo, ella se resistió hasta que dejó que la ayude. Me senté en una silla, y a ella sobre mis piernas. 
Era raro que una profesora hiciera esto, pero no era mi alumna era mi hija, e iba a ayudarla.

- ¿Qué te pasa bonita?

Ella no dijo nada, y simplemente rodeó mi cuello con sus brazos, escondiendo su cara en mi pecho. 
Ya no lo aguante, no pude soportar verla llorar, y que ella no supiera que yo era su mamá. Mis lágrimas cayeron de mis ojos, una tras otra, como si no fueran a terminar nunca. 
La abracé, la abracé lo mas fuerte que pude, sabía que no me conocía, que no sabía quien era, pero igual así lo hice, necesitaba que supiera que estaba con ella a pesar de todo, a pesar de que no viviera conmigo, de que no supiera que yo era su mamá. Acaricié su cabello, con mi mano izquierda, y con la otra la abrazaba, sin soltarla, ni un segundo. 

- No llores mas hermosa, por favor. - mis lágrimas seguían cayendo- ¿Qué haces acá todavía? ¿No te vino a buscar nadie? - ella negó con su cabeza- ¿Quién tiene que venir a buscarte? 
- Mi abuelo. 

En el momento en que dijo mi abuelo, mi corazón termino de romperse completamente, ¿Cómo puede ser que se olvide de su nieta? ¿Para esto me la saco? ¿Para esto hizo lo que hizo? No lo entendía, juro que el día que lo vea, voy a ser yo misma quien lo lleve a la cárcel. 

- ¿No vino?
- No. 
- ¿Y por qué lloras? - volvió a negar con su cabeza- Contame princesa, no le voy a decir a nadie. - negó nuevamente- ¿Por qué no queres?
- Porque no. Porque si mi abuelo sabe, se va a enojar. 
- ¿Qué cosa? 

Ella se soltó de mi cuello, pero seguía sentada sobre mis piernas. 
No entendía lo que sucedía, lo que le estaba pasando. No había razones por las que no quiera contarme porque lloraba. 

La tenía rodeada con mis brazo derecho, para que no se cayera. Ninguna hablaba, ninguna decía palabra. 
Hasta que note un moretón en su brazo, me pareció raro, pero no era un moretón común, era como si ... 

- ¿Qué te paso en el brazo Luz?
- Me lastimé jugando -dijo convencida- 
- ¿Segura?
- Si. - agachó su cabeza-
- ¿No me queres contar nada?
- No, seño. 

Se bajo de mis piernas, agarró su mochila y se dirigió a la puerta. 

- Chau seño. 
- Chau bonita. 

De pronto comprendí lo que estaba pasando, lo que le sucedía a mi hija. 
Primero era un "me lastimé jugando" después pasaba a "me tropecé en la calle" y finalmente un "me caí de las escaleras" hasta que .. No quise ni pensarlo, agarré mis cosas rápidamente, y salí de allí secando mis lágrimas con mi mano. No podía dejar que esto pase, que esto suceda, que le pase lo mismo que me pasó a mi. No iba a permitirlo, y si era necesario, iba a ir a buscar a mi hija y me la iba a llevar bien lejos. 

Pero no iba a permitir que él le pegué como lo hizo conmigo. 


Continuara: 

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Hola no me maten, chau. 

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