miércoles, 24 de julio de 2013

Capitulo 40-


DOMINGO por la ¿Mañana? No creo, seguro sería de tarde. No tenía reloj, pero era muy obvio que las diez de la mañana no eran. Abrí mis ojos, y lo vi a mi lado. Estaba en la misma posición que se había acostado ayer. Con la diferencia de que su mano ya no se entrelazaba con la mía.
Solo lo miraba con atención. Observaba cada facción de su rostro, de su lindo y hermoso rostro. Era hermoso. Él era hermoso. Sus ojos. Su pelo. Hasta sus pestañas. Lo amaba. Juro que lo amaba con mi vida entera. Podía dar mi vida por él. Por el chico que amo. Por el chico que me salvó, me esta salvando de esa oscuridad en la que vivo día a día. Quería acariciar su mejilla, y su cabello. Pero no quería despertarlo. No quería sacarlo de su sueño (si es que estaba soñando) Pero no me resistí. Y comencé a jugar con los rulitos de su pelo.
Él se movió. Pero no abrió sus ojos. Por suerte. Seguí jugando con su pelo, hasta que en un momento se gira, se coloca de costado y me abraza, pasando su brazo por encima de vientre. No sabía si se hacía el dormido, o si estaba dormido de verdad. Pero bueno iba a seguirle el jueguito si es que lo estaba.
Continué jugando con su cabello. Y él volvió a moverse, fue ahí donde me di cuenta que estaba despierto. ¿Quería jugar? Bueno, juguemos entonces.

Quité mi brazo de su cabello. Y giré hacía el otro lado, haciéndome la que iba a dormir. Él me aferró mas a su cuerpo. Y comenzó a besar mi nuca. Listo sabía que estaba despierto, quería jugar, y estaba mimoso.
Yo solté una carcajada. Pero siguió haciendo lo mismo. Giré nuevamente para mirarlo a los ojos, y quedamos frente a frente, pero él tenía los ojos cerrados. Besé sus labios, pero seguía igual. Sus mejillas, pero nada.
Me descuidé y en un momento me sube encima suyo. Recostada sobre su cuerpo, y con nuestras frentes pegadas. Comencé a reírme, y él seguía con los ojos cerrados.

- Pedro ya sé que estas despierto. -negó con su cabeza- No seas tonto. Dale, abrí los ojos. -volvió a negar- Bueno entonces me voy. -me abrazó fuerte- Dale tonto, soltame. -rió- ¿Te parece gracioso? -asintió- ¿Queres jugar? -levantó sus hombros- ¿Ah sí? Bueno juguemos entonces. -sonrió pícaro- Pero te pasas y te mandó a la mierda. Posta. -rió, asintió- Igual, mucho no entiendo esto. Pero vamos a ver que hago. Primero soltame. -negó- Entonces no podemos hacer nada. -negó- Sos un tarado. Dale tonto. Háblame. Decime algo. -negó nuevamente- No me causa gracia, esto. Bueno chau me voy.

Me safe de sus brazos, y me metí en el baño. Cerré la puerta. Se suponía que estaba enojada, pero seguía su jueguito. Juguemos con fuego Alfonso. Solo tenía puesto el piyama y él también. Servía para lo que tenía planeado.
Se escucha que golpean la puerta del baño, y era Pedro. Que venía a ¿Suplicar? Mmmm.. Iba a sufrir un poco.

- Pau. Abrime dale. No quería que te enojes.
- No Pedro. Ya me enojé.
- Dale gorda. Solo era un juego.
- ¿Cuál juego? A mi no me pareció un juego.
- Quería que nos divirtamos un rato.
- Para mí no fue gracioso.
- Por favor Pau. Dale, abrime.
- No se.
- Dale. te prometo que no hago ningún juego.
- ¿Seguro?
- Si, seguro.
- Esta bien.

Quería reírme pero no podía, tenía que resistirme y de una vez por todas cobrarme lo que él me había hecho. Abrí la puerta del baño, y ahí estaba paradito como si no hubiera hecho nada. Me dijo un "¿Me perdonas?". Juro que me derretía d amor. Me acerqué a él, rodee su cuello con mis brazos y besé sus labios. Él siguió el beso.

Comencé a llevarlo dentro del baño. Cerré la puerta, todo sin dejar de besarlo. Cuando llegué a la ducha, la abrí y lo metí adentro. Y ahí estaba mi novio, todo mojado, por mí. Comencé a reírme demasiado. No podía parar. Y él seguía allí bajo el agua.

- Esta es mi venganza Pedro Alfonso.
- Sos una maldita Chaves.
- Te dije que me las iba a cobrar. Y bueno acá esta. -seguía riendo-
- ¿Así? -salió de la ducha, quise correr pero me atrapó con sus brazos, y me llevó con él debajo del agua. Comenzó a reírse de mí.- Y bueno. Así es como se gana una batalla.
- Pero no la guerra. -lo atraje hacía mí y uní sus labios con los míos.- Buen día amor.
- Buen día bonita. -reímos- ¿Cómo dormiste?
- Bien. ¿Y vos?
- Bien. A tu lado siempre se duerme bien. -seguíamos bajo el agua-
- Sos un tierno. ¿Qué hora es?
- No tengo ni idea.
- rei- Bueno. No salió re bien mi venganza, pero te mojé.
- Si. Pero yo te mojé a vos.
- Pero yo primero.
- ¿Y? Yo segundo.
- Que tarado que sos.
- Eu. Eu. Cuanta agresión hacía mí. Ah.
- Bueno te debía todo del otro día.
- ¿El otro día? Fue hace mucho.
- Bueno te debía todo de hace mucho. -reímos-
- Que vengativa que sos.
- Bueno. Mira quien habla.
- Si.. Pedro Alfonso habla.
- ¡Ai él! ¿Quién sos Pedro Alfonso? -seguíamos bajo la ducha. Mis brazos aún rodeaban su cuello-
- Mmm.. ¿Quién soy? Soy el chico mas lindo del mundo. -asentí con mi cabeza, en forma de asombro-El mas fachero. El que tiene ojos café. Pero también el chico que tiene mas suerte en todo el mundo.
- ¿Así? ¿Y se puede saber por qué?
- Porque tengo como novia a la chica mas linda del mundo
- sonreí- Te amo tanto. Tanto Pedro. No te das una idea de lo feliz que me haces.
- Te amo mucho mi amor. Vos a mí me haces feliz. -sonreí-

Me acerqué a él y lo besé. Ahí estábamos, los dos juntos, bajo el agua. Besándonos como siempre lo hacíamos. Novios. Dos chicos que se amaban y que dejarían la vida uno por el otro. 
Sabía que Pedro me amaba, como yo a él. Estábamos bien juntos, en nuestro noviazgo de "secreto", del cual solo sabían mis amigas, sus amigos, y mi hermana. Pero sabía que algo pasaría y que mi papá se enteraría de alguna manera. Tenía miedo de que algo le pase, de que no puede tenerlo conmigo nunca mas. Sentía que algo pasaría, algo malo. Pero no podía dejarlo ir, no podía dejarlo solo, o sin nadie, para que poco a poco se destruya él. Entendía y comprendía perfectamente que esto era un riesgo para mí, pero mucho mas para él. Porque si mi papá quería hacerme sufrir, iba a ir directo a Pedro, a la persona que amo, por la cual entregaría mi vida, por la que dejaría absolutamente todo. Pedro era esa persona que sacaba lo peor de mí, pero también lo mejor. Que me llorar hasta reír, pero que también me hacía reír hasta llorar. Pedro era mi complemento perfecto. Era ese opuesto que se atraía perfectamente a mí. 
Podía dejarlo marchar en estos momentos. Detener el beso, y decirle que no quería estar con él, o no podía. O podía seguir, luchar por él, sufrir por él, y hasta morir por él, tan solo para seguir a su lado porque lo amo. Y si eso iba a hacer.. Iba a quedarme a su lado. Iba a amarlo como se merecía. Y si algo tenía que pasar, iba a estar ahí para enfrentarlo, para superarlo o simplemente para caer, pero sabía que él estaba a mi lado para levantarme. 

Nos separamos del beso, pero nuestras frentes siguieron conectadas. Mis ojos estaban cerrados, y podía sentir los suyos como me miraban. Abrí mis ojos y lo miré. Pero mucho no divisaba ya que el agua caía sobre nosotros. Comencé a reírme, no sabía porque. Y él también comenzó a hacerlo. Nos reíamos, pero sin ningún motivo, simplemente porque nos amábamos y eramos felices a nuestra manera. 

- Me parece que tendríamos que ir saliendo. -dijo-
- Si. Muero de frío. 
- Eso porque fue tu idea meternos al agua.
- No. Solo a vos, y vos me empujaste.
- rió- Lo merecías.
- Que malo Alfonso.
- Muy. Muy malo.
- Malo, pero lindo. 
- ¿Buena combinación?
- Si, muy buena. 
- Así que te gusta el chico malo.
- No yo no dije ..
- Si. -rió- Te gusta el chico malo.
- Mmm.. Bueno un poco. 
- Viste. -besó mi nariz- Dale salgamos.
- Si. Si.

Salimos de la ducha. Él me envolvió con una toalla, pasándola por encima de mis hombros, y los acarició lentamente. Era tan dulce y tan tierno conmigo. 
Entramos en la habitación. Va, solo él, porque yo me quedé allí en el baño. Me cambié y luego salí. Él ya se había cambiado, y estaba sentado en la cama. 

- ¿Qué hora es gordo?
- Las.. -miró el reloj- Cinco y media de la tarde.
- ¡Wow! Un poco tarde.
- Un poco. ¿Queres merendar?
- No. No tengo hambre.
- Pau, tenes que comer algo.
- De verdad. No tengo apetito. No se.
- Bueno, esta bien. ¿Qué hacemos?
- Mmm.. ¿Películas? 
- Buena idea. ¿Pochoclos? ¿Chocolates?
- sonreí- Eso si te acepto.
- Dale. Bajo y traigo todo. 
- ¿Qué película miramos?
- La que vos quieras. Ahí, en ese estante hay algunas. 
- me acerqué al estante, y miré- Ah. Pero no tenes películas. Eh.
- Bueno, es que me gusta mirar.
- Si me di cuenta.
- Bueno, busco algunas. Y las miramos.
- Dale. Ya vuelvo.

Pepe bajó a buscar los chocolates, y los pochoclos. Mientras yo me quedé buscando algunas películas para mirar. Había muchas, y no sabía cual elegir. Me decidí por tres "Los juegos del hambre". "Remember me" y "La dama de negro". Eran las que dentro de todo no eran de terror o acción, porque la mayoría eran de eso. 

Pepe volvió con las cosas. Pochoclos y chocolates. Decidimos mirar "Los juegos del hambre". Nos recostamos en la cama. Él pasó su brazos por detrás de mi nuca. Y yo me apoyé en su pecho. Con una barrita de chocolate en la mano. Y nuestras manos entrelazadas.

Pasó la hora. Ya habíamos mirado todas las películas. Me asusté, me reí, llore. Todo junto. Eran las siete y media de la tarde. Pepe decidió acompañarme a mi casa, ya que había oscurecido. Y no quería que fuera sola. 


Continuara: 

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